Artículo del Presidente Riera en el diario INFORMACION

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OTRA VEZ LOS PRESUPUESTOS DEL ESTADO OLVIDAN EL POTENCIAL DE LA PROVINCIA DE ALICANTE

Juan Riera. Presidente de la Cámara de Comercio de Alicante

El victimismo es una forma cómoda de ver el mundo echando la culpa a los otros de cualquier problema que pueda surgir. No me gusta nada esa costumbre. Soy partidario de arar con los bueyes disponibles y salir al campo con lo que haya, haciendo el mejor trabajo posible, pero es evidente que desde el Gobierno central no se nos dan a la provincia de Alicante las mejores herramientas.

No es ya sólo en los Presupuestos previstos para este año, es que viendo el histórico del agravio comparativo de la provincia con otras de nuestras mismas características, tendríamos que cerrar las fronteras y autogestionarnos. Nada nuevo: otros manejan estupendamente sus recursos y les va de maravilla, no hay más que ver al País Vasco, Cataluña o Galicia. Nosotros, mientras tanto, pintamos poco o nada en los centros de decisión madrileños y así seguiremos hasta que decidamos que ya está bien y pasemos de charlas de sobremesa a acciones contundentes en la capital del Reino.

No quiero abrumar con datos, pero la provincia de Alicante recibe el 2,5% de la inversión total regionalizable y se sitúa en el puesto número 11 del total nacional, por detrás de las provincias de Barcelona, Madrid, Almería, Murcia, Valencia, Tarragona, A Coruña, Asturias, Sevilla y Cádiz. Para afrontar la pandemia, a Alicante (siempre me refiero a la provincia), van a llegar 2,5 euros de cada 10, mientras que a Valencia o a Castellón llegan 7,5. Es cierto que hay infrafinanciación de la Comunidad Valenciana en su conjunto, pero también es verdad que la nuestra provincial es muchísimo peor y por población nos dan el 25 cuando nos correspondería el 37. Casi nada.

La situación cambia (a peor) si se considera la inversión per cápita. Teniendo en cuenta la población de Alicante a 1 de enero de 2020 (1.885.214 habitantes), la provincia se sitúa en el puesto 46 del ranking nacional (52 provincias) con una inversión de 158,5 euros por habitante. Respecto a las otras provincias de la Comunidad Valenciana, la provincia de Alicante tiene la inversión per cápita más baja (158,5 euros por habitante, frente a 422,6 euros/hab. de Castellón y 242,5 euros/hab. de Valencia).

Saliendo del marco autonómico, la cosa pinta fatal, porque nuestros competidores en cuanto a igualdad de población o de potencial económico (Sevilla, Málaga…) ven como año tras año siguen estando por encima en cuanto a inversiones y Alicante se queda en el vagón de cola. Desde luego que estas cosas no suceden por casualidad. Lo he dicho muchas veces: es cuestión de vida o muerte que la provincia de Alicante se haga valer. Sin victimismos, pero sin renuncias.

Si vamos a las inversiones en infraestructuras, la mayoría de las que propusimos con CEV en el estudio “Alicante Horizonte 2020-2030. Necesidades de Infraestructuras en la provincia de Alicante” realizado por un equipo de trabajo encabezado por Armando Ortuño, duermen el sueño de los justos en el cajón de las propuestas olvidadas. Nada sobre el Tren de la Costa, nada del acceso ferroviario al Aeropuerto de Elche-Alicante, ningún proyecto nuevo, ninguna mejora en la línea de cercanías Alicante-Elche-Murcia y reducción presupuestaria de los accesos a la Universidad de Alicante , a la Ronda Sur de Elche o a la variante de Torrevieja. Nada de ello se contempla en el proyecto de Presupuestos.

Y del agua que tanto reivindicamos en la provincia para poner en valor la importante industria agroalimentaria de la provincia, se han olvidado de nuevo en los Presupuestos. A pesar de la previsible reducción del Trasvase Tajo-Segura, sigue sin consignarse el ramal para que los agricultores de la Vega Baja puedan acceder a las aguas de la desaladora de Torrevieja.

Es verdad que en el trámite parlamentario hay tiempo para cambiar y mejorar estos Presupuestos Generales, pero también me temo que todo seguirá igual y que nuestros representantes poco o nada harán para mejorar estos desilusionantes números.